jueves, 22 de marzo de 2012

Subida a Pico Gamonal y calzada romana Rioseco


Organiza: Asociación socio-cultural y deportiva El Chalanín.

Ficha técnica:  -altitud máxima:  metros.
                          -duración total: 4-5 horas
                          -dificultad: moderada.
Fecha: 10 de Marzo

Collacios:  Guillermo, Efren y Helios
Cuadernu de bitácora:

Con esa extraña autocomplacencia que siente uno cuando el Domingo por la mañana se levanta fresco y nuevo por no haber trasnochado, oteé el límpido cielo que abría la mañana a través de la ventana de mi habitación y presto apuré a prepararme para lanzarme a los caminos.
Ya en las barriadas viejas, enclave de encuentro con los demás montañeros, pude saborear en el aire matutino aún el carácter festivo de la noche. Pero hoy sería un día sano. Pronto me reuní con Fren y Helios, únicos partícipes en esta singladura montañesa si exceptuamos al can de ocasión, “Bryan”, creo recordar se llamaba. Intrépido Milú, fox-terrier de nervio y energía, pareció disfrutar más que nosotros de la jornada campestre.
Tomamos rumbo a Rioseco y al abrigo de la tímida calidez de las primeras horas del día, comenzamos nuestra ruta entre robles y castaños por un camino de tierra.

La quietud armoniosa del paisaje tan solo musicalizada por el chorro de agua que cae en alguna bañera que hace de abrevadero, el canto de aves que bien pudieran ser el pito negro o el gorrión alpino, el río resonando cavernoso en el fono de la médula del valle, las cabañas de piedras de vez en cuando, aquí y allá, su tímida mirada lítica entre los arbustos de las veredas azotando con las sensaciones de otros tiempos a quien quiera sentirlos, toda suerte de concurrencias que vibran armónicas constituyendo el espacio-tiempo de la perfección natural.


Tomamos la calzada romana que asciende y dejando atrás el húmedo bosque, llegamos al paisaje de la alta montaña, donde el suelo de hierba se encontraba salpicado por islas calizas que nos mostraban el litosuelo desnudo. Vimos brillar al pantano, destellante, allí a lo lejos, como un gordo río que rutilaba con los tempraneros rayos de sol a modo de bahía de montaña. 


Cruzamos enebros, escobonales y nos abrimos paso entre las aulagas y los tojos bajo la atenta mirada de las cansinas vacas casinas, de quienes no fiaba mucho el simpático can de Fren. ¡Ah, la calzada romana!, ¿de veras sucedió aquel tiempo?, se pregunta uno caminando por el paso de los vestigios históricos. Ya tan lejano en el tiempo, aquel camino empedrado venía desde León y se adentraba en Asturias, con múltiples ramales, siendo principal el que dirigía a Infiesto.


Rememoramos los pasos de otra era, más dura quizá pero más noble, y ascendimos la montaña dejando a nuestra margen derecha un desfiladero que se alzaba sobre la carretera en dirección a Tarna, la cual se veía diminuta desde nuestra atalaya caliza.
Volvimos a una cuesta de tierra nuestra caminata y contemplamos los buitres cortar el aire en las alturas, aprovechando el aire caliente para alejarse del suelo y humillarnos en nuestro limitado grado de libertad física. El sol ya no acariciaba, sino que comenzaba ya cual cómitre de galeras a fustigar cuello y brazos, por lo que no tuvimos a mal rememorar los aromas tropicales del verano echándonos un poco de crema solar.


Andaba jubiloso e incansable el perro brioso, ya subiendo las seves, que si encaramándose a los muros, correteando en derredor nuestra o subiendo las pendientes montunas con gran ímpetu; descansó tan solo para que Helios le retratara junto a una fuente, dando así el animal una foto muy resultona.


En el transcurso del camino romano encontramos una placa conmemorativa referente a alguna historia perdida de la guerra civil, una de tantas. Un hombre que cayó por la lucha contra la injusticia social, uno de tantos. Y es que las montañas sangraron en otros tiempos hace tanto que éstos ya nos parecen hasta ajenos, pero desde los cuales brota la rabia y el eco de un pasado que por cuanto hoy día nos afecta, es tema de presente.


Tomamos frugal refrigerio en la entrada de una cabaña semiabandonada, accediendo a ella por un muro echado abajo por un árbol caído, y repusimos fuerzas. Vimos Campiellos en las alturas, vimos penachos de niebla fluyendo por la V del pequeño valle a donde nos dirigíamos, vimos majestuosas montañas galoneadas con coronas níveas y después de la somera contemplación y piscolabis, dimos en proseguir la caminata.


Contábanos Fren sobre el origen de las rocas de arenisca que por entre los matojos afloraban y su infancia fluvial antes de la compactación en aquellas moles cargadas de pequeños cantos redondeados y dispuestos en una misma dirección.


 Mas yo, que viera útil aprendizaje de todo esto, apresté bien el oído a las lecciones campechanas de geología de andar por casa. Tomamos unas fotos muy así como de Tuenti sobre los picachos rocosos, acompañados por Bryan, y caminamos hacia una mayada donde pastaban, ajenos, bellos equinos. Allí retozó cuanto quiso el perro y divisamos pueblos que nos eran desconocidos, atribuyéndoselos a Naviense jurisdicción.


Descendiendo ya por un seco cauce de riachuelo, saltando algún humedal y contemplando las ruinas de varias cabañas, llegamos a la pista de hormigón que finalmente nos condujo a Rioseco de nuevo.


 Mas no detallo más, que arto largo se me antoja el escrito. ¡Qué decir, qué se puede decir, de un día como este de montaña!, un día fresco y sano, de esos que tienen cabida en el porcentaje que podríamos calificar de parte del tiempo aprovechado de tu vida. Caminamos sobre los caminos de otros tiempos, discurrimos por entre bosques y roquedales. Pero aparte de narrar la manera de la ruta, ¡qué queréis que os diga, las sensaciones tiene uno que experimentarlas!.

Fotos:


2 comentarios:

Frén el de San Pedro dijo...

un gran día y una gran compañía. Sin duda a repetir no tardando mucho. Gracies al cronista, muy buena.

malio00 dijo...

Muy buena entrada!! vese ke aprovechasteis el día.
Salú2